Hoy es un día verdaderamente especial y extraño, es el día en el que mas he publicado hasta ahora. Aunque estoy muy feliz, llega la noche y es el momento donde el corazón llora; no tengo ganas de escribir un post triste porque me pidieron que escribiera cosas felices, pero ahorita debo hacerlo, de verdad que ladilla con mi puto corazón.
si es un puto corazón, un corazón que no se decide a amar y que se ha ido encogiendo y llenandose de tristeza, la verdad extraño estar con alguien, tomar sus manos, mirarala a los ojos y juntar nuestros labios en un tierno beso lleno de pasión, con los sentimientos a flor de piel donde puedes sentir como sus almas se entrelazan en una sola a través del simple echo de intercambiar fluidos a través de sus bocas mientras sus lenguas se juntan y danzan en la cabidad que se forman de la unión sagrada y hermosa de un beso que sale del corazón.
Maldita sea, si porque no tengo otra palabra que describa el veneno que se apoderó de mi hace muchos años cuando me atreví a amar, a verdaderamente amar y besar, entregar un beso que venía del corazón y unir mi alma con la de otra a través de ese acto. Ese veneno que corre por mis venas y que me intoxica todos los días, pidiendo que alimente a mi corazón de amor, de pasión; el veneno que hace que la soledad con el pasar de los días, se haga mayor y el sufrimiento insoportable.
De verdad quiero sentir de nuevo, quiero besar, abrazar y amar como lo hice; realmente deseo llenar mi corazón de amor, entregarlo, darlo a quien lo merezca, entregar esa pequeña cajita de plata donde está guardado, empolvado, gritando de desesperación por salir.
Pero no, se jodió o lo jodieron mejor dicho, la traición lo hirió, le dió un mortal golpe, sacó su daga y la clavó un par de veces, una tras otras, y huyó para perderse en el olvido, un olvido que tiene miedo de abandonar, permaneciendo en las sombras orgulloso de su obra y de su terrible plan. Lentamente se ha ido recuperando, muy lentamente, luego de salir, salir, con la tentación de la bebida a la mano, la puta bebida, calmó el dolor mas de una vez, pero no era suficiente.
Solo me quedó seguir con mi dolor, odiando a esa perra, pero ya no más, no se si me lo busqué, la verdad no lo se, quizá, quizas si, el tiempo dirá; por suerte me ocupé bastante y aparecieron otras, y una de ellas casi la igualó, casi era lo mismo, yo diría que mejor, pero nuevamente se dañó y quedé en la soledad, extrañando todo.
Hay días que me pega y otros que no, pero cuando lo hace, es porque el corazón llora.