Es una experiencia religiosa el viajar de pie en una camionetica de la capital, nada como escuchar cualquier cantidad de temas niches sonando en una radio improvisada de una encava modificada con placas de acero de alcantarilla y cortinitas mariconas de flecos rojos cual burdel populacho.
Vamos a empezar por la radio, una verga extraña, una mezcla de radio vieja de malibú setentoso con lo mas "cartel" de la tecnología actual, mp3 y demás, con sendas cornetas ensordecedoras y un repertorio lleno de reggaeton de cantautor -una vaina que escribió un malandro, pagó para que se lo arreglaran y la cantó con el vecino sadicón que se tira a su hermana-, del medio famosito, discotequero y no podía faltar la popular salsa; eso si, la experiencia no está completa sin escuchar cualquier verga llanera, llamese joropo, Alma Llanera o lo que sea esa vaina, o un vallenato cantado por un carajo -mash gocho que Carlos Andres- que quien sabe en que pea, guayabo, borrachera, curda, etc. andaba cuando se puso a cantar esa verga.
Luego está el coño de su pepa que le da por no bañarse en la mañana o quien sabe desde cuando no lo hace, que hiede a una exquisita mezcla de cacique con mierda, de ojos rojos, cabello grasiento y voz ronca, que se te sienta al lado el muy maldito y se queda dormido sobre tu hombro a mitad de camino.
Seguido de éste, la negrita culona que se la da de ricota y carga el mojón mental que está mas buena que Denise Milani; Dicha macacoide no deja de bucear al sifrinito que va camino a la universidad, con su ridículo traje fashion, ropita de marca y escuchando música en un prestigioso ipod classic de 80GB guardado en un bolso de diseñador famoso que probablemente esta vacío o hasta lleva maquillaje porque el pobre hasta medio maricon debe ser.
No puede faltar la vieja que espera para pedir la parada -una vez que el sadico camionetero la pasa- "gritando" suavemente y pidiendole al sudoroso conductor sordo que se detenga, pero éste la ignora hasta que sale el envalentonado calvo ejecutivo que a full gañote dice "pana la parada".
Luego de calarte gente sudorosa, gritona, mal oliente, la cola inclimente, las chismosas, los desadaptados y los niches, llegas a destino, solo para esperar aproximadamente ocho horas para volver a vivir la experiencia de montarte en una camionetica de la capital.

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